miércoles, mayo 07, 2008

UN LÍMITE PARA LA TEORÍA DE LA ELECCIÓN PÚBLICA, UNA VENTAJA PARA LA ESCUELA AUSTRÍACA, Y UN PROBLEMA PARA AMBAS

La teoría de la elección pública tiene un límite claro (que admiten sus propios teóricos; por ejemplo, Pizzarno): los límites de la racionalidad, tanto estratégica como paramétrica. Si la conducta de un individuo no responde a criterios racionales, maximizadores de utilidad y minimizadores de costes, queda excluida de la explicación, por transgredirla. Sin embargo, a una teoría que pretenda explicar toda y cada una de las acciones humanas –explicar los motores básicos que impulsan a la acción- debemos exigirle un poco más. No es serio que cuando una conducta no cuadre se opte por excluirla del modelo por “marginal”. La Escuela Austríaca (EA) lidia mucho mejor con esta problemática pero, como ahora comentaré, no se libra del todo de ella, especialmente por el caso particular de los límites de la acción racional que es la nebulosa definición de las identidades. Por un motivo: lo racional afecta a la coherencia o incoherencia consciente entre fines y medios, no al contenido.

¿Por qué situamos el límite de la Public Choice (PC) en la frontera de la racionalidad? Primero habrá que definir qué es la racionalidad; precisamente porque la racionalidad a la que apela la EA es diferente a la de la PC, aquélla soluciona el problema mejor que ésta. La PC considera que una conducta es racional en tanto que se maximice la utilidad y se minimicen los costes, como ya he comentado. Esta definición es un poco restrictiva porque presupone un cierto razonamiento matemático (aunque sea implícito e incluso intuitivo, hay que restar costes a utilidad, lo cual es un esfuerzo prescindible y, como condición teórica, está metida con calzador, por mucho que se pretenda que es un toque científico). En realidad, cuando se plantean los axiomas de la conducta racional, se establece que ésta se basa en unas preferencias jerarquizadas y no contradictorias. Este punto de partida coincide con el de la EA y, de hecho, subyace claramente un razonamiento ordinal, en el que la unidad de medida de la utilidad es completamente íntima y subjetiva. El problema es que cuando se aplica este presupuesto al “cálculo” de la utilidad, como es natural, el razonamiento se vuelve cardinal, y se establece, por comodidad, que la unidad de medida sea el dinero. Cuando de repente aparece un extraño individuo que no sólo no razona cardinalmente sino que además su forma de medir su utilidad es indeterminada y etérea y la utilidad a la que se refiere no es la suya propia sino la del prójimo (individuos “kantianos” como los llama Ludolfo Paramio), la teoría de la PC no puede más que sorprenderse y cambiar de tema…

Esta laguna la cubre la EA con facilidad: el contenido de la utilidad (la “dirección” si se quiere: tanto si el criterio es uno mismo como si son los demás) es absolutamente irrelevante, en el mismo sentido en que lo es también la unidad de medida (porque ésta puede existir o no existir, ser fija o ser variable, ser caprichosa o estar definida, etc.). Lo único relevante es la jerarquía de preferencias, de fines y de medios para alcanzar fines. Ni siquiera es imprescindible que entre sí sean coherentes, porque primero se pretenderá realizar una y luego otra (y si una ya está realizada, no cuenta como preferencia, por lo que la que antes era la segunda ahora pasa a ser la primera y no hay contradicción posible: hay relevo en la jerarquía). Por eso el ejemplo del individuo “kantiano” no nos da ningún quebradero de cabeza: tan “racional” será la conducta de un individuo cuya preferencia primera sea “la lucha por el respecto al medio ambiente” como la de un individuo que sienta predilección, más bien, por “los descapotables azules”.

Ahora bien: sí existe la conducta irracional. Ésta es independiente del contenido de los fines y medios subjetivos; donde pongo el acento es en la relación de los unos con los otros. Si un individuo que persigue el fin X decide hacerlo mediante Y y, sin embargo, no consigue finalmente X, no es porque sea irracional o contradictorio sino porque se ha equivocado (ha sobreestimado la efectividad de Y o lo ha utilizado mal, por desconocimiento).

La conducta irracional es, por el contrario, la contradictoria: o bien dos fines se contradicen entre sí y se suceden continuamente porque son igualmente valorados (“te quiero y te odio”), o bien el individuo, aún conociendo la poca efectividad del medio Y respecto a su fin X, recurre a Y. Este problema no se puede eliminar, y afecta tanto a la PC como a la EA. La gracia está en que, para la EA, éste es un proceso psicológico interno, en el cual nadie debe intervenir, mientras que para otras corrientes (no me atrevo a acusar a la PC porque realmente no han propuesto esta solución explícitamente; la EA se ha adelantado al argumento) esta contradicción, si es percibida desde fuera de donde se produce (el sujeto mismo), puede cancelarse mediante la intervención racional. Es aquello de “ser libre hasta para ser tonto” o, en el bando contrario, “vamos a ilustrar a los ignorantes para que sean libres”.

Ahora que voy a plantear la problemática de la identidad, tengo que insistir en que ésta nada tiene que ver con la libertad; sí con la influencia y la socialización.

Hay momentos en la vida de determinados individuos –que no podemos excluir del modelo porque sería hacer trampa- en que no existe una jerarquía de preferencias. Lo normal es que sí haya una, pero tan general y abstracta que no abarca las decisiones a corto y medio plazo: son las crisis de identidad. Lo cierto es que cada vez que compartimos opiniones con amigos o conocidos, si nos convencen, nuestra identidad varía. Evolucionamos cada día, y cada día introducimos matices en nuestros esquemas mentales. Normalmente estas variaciones no desestabilizan la jerarquía habitual y general de preferencias, pero supongamos que esto sucede. Entonces habrá que cambiar el ejemplo, porque una conversación normalmente no le cambia el sistema de valores a nadie; refirámonos mejor a lo que Pizzorno llama “reductio ad Amazoniam”: supongamos que un individuo viaja en un avión que se estrella en medio de la selva. Su sistema de preferencias da un vuelco de ciento ochenta grados: no sólo tendrá que sobrevivir sino que, además, una vez encuentre una pequeña sociedad de nativos, tendrá que integrarse en ella. ¿En base a qué valores? En base a… ningún valor en concreto, porque no sabe nada de la selva, no sabe qué hacer ni para qué: cree que va a morir y se queda agazapado. Luego se mueve, por hacer algo; luego encuentra a los indígenas y los imita. Cuando hay una pérdida de identidad (esto es un caso extremo, pero a menor escala los hay a montones, y sí tienen importancia teórica aunque normalmente se desprecien), el individuo no actúa en base a unas preferencias sino que actúa para establecer sus preferencias. Es decir, construye su identidad actuando, como siempre, pero partiendo de nada (con la volatilidad que ello implica).

El razonamiento ya no sería ordinal: habría una preferencia que, una vez satisfecha, generaría otra, y así lineal y sucesivamente. La preferencia siguiente se deriva de la anterior o del entorno. Esto no altera la validez del presupuesto austríaco pero sí puede alterar su enunciación (nótese que el hecho de que haya diferentes formas de construcción de los valores no niega su esencial subjetividad, aunque sí matiza la relación entre fines y medios porque puede no haber plural). Cuando haya preferencias, lo fundamental será la jerarquía; pero cuando no haya nada o sólo una preferencia, el individuo no percibirá tan bien la importancia de hallar buenas correlaciones entre fines y medios y, por tanto, el curso de su acción (no el contenido necesariamente) no se diseñará en base a criterios racionales. Tal vez se diseñe caprichosamente, o por observación (influencia y socialización como adelantaba antes). No quiero decir que cuando no haya crisis de identidad no habrá influencia del entorno, sino que lo que sin crisis de identidad es sólo un factor más de la construcción de las preferencias, con crisis lo es todo (y no son entornos variables sino uno sólo e inmediato). Esto es de algún modo equivalente a decir que tanto menos pesará el entorno nuevo cuanto menos profunda sea la crisis.

Como era previsible, ya hay quien ha manipulado esta problemática y ha proclamado que los publicistas “se aprovechan” de las crisis de identidad para “imponer” la moda. Esta torticera maniobra es demasiado obscena como para tomarla en serio… Siempre que alguien trata de enriquecer las teorías de la formación de identidades y pirámides de preferencias (más allá de la vacía –por obvia- “experiencia+socialización=valores=predisposiciones” de los teóricos de la cultura política), surge algún listillo que mete el tema de libertad, el marketing y los malvados capitalistas “que eligen lo que consumimos y lo que no”. Esta última afirmación, por cierto, es una de las más patéticas que he oído sobre el capitalismo, y está más que refutada.

En conclusión: la EA está más capacitada que la PC (y evidentemente mucho más que otras corrientes; si no las trato aquí es porque es demasiado obvio; tómese como ejemplo la construcción de la identidad según Marx, que no puede ser más vergonzosa) a la hora de definir la subjetividad de los motores de la acción, sin perjuicio de definir las construcciones. No obstante, no hay que huir de las matizaciones, porque esas matizaciones, aunque queden menos elegantes en una teoría general, pueden salvarnos de excluir, por oportunismo, casos que existen y que tienen que ser teorizados como cualquier otro.

martes, marzo 18, 2008

¡Nuevo autor ancap!

Los ancaps monárquicos (ejem) comeniños estamos de enhorabuena. Jonathan Swift, el satírico escritor irlandés, autor de Los viajes de Gulliver, resulta que era ancap, muy ancap, ya en la temprana fecha de 1729. Incomprensiblemente, se nos había pasado por alto. Su artículo “Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos útiles al público” es de una actualidad realmente prodigiosa. Y de innegable valor anarcocapitalista.

Su tesis queda resumida en el siguiente párrafo:

Me ha asegurado un joven americano muy entendido que conozco en Londres que un tierno niño saludable y bien criado constituye, al año de edad, el alimento más delicioso, nutritivo y sano, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y yo no dudo que servirá igualmente en un fricasé o en un guisado.





Ancaps del mundo: no dejemos de leer al ilustrado Swift. No lo supera ni Rothbard. Sugiere recetas y recomendaciones muy buenas sobre cómo comer (comer bien, con gusto, con estilo y economía) niños. ¿Quién dijo que los ancaps no tenemos una tradición? Dudo mucho que los minarquistas puedan presumir de contar entre sus filas a autores de tanta categoría literaria.

Plan de libros

Contesto un poco tarde, en plena tormenta redliberaliana, el meme de los libros (vía Rallo). Funciono normalmente por tandas, que intento circunscribir temporalmente, aunque algunos libros los voy arrastrando. Mi tanda Fallas-Semana Santa-San Vicente es la siguiente:

-Del asesinato considerado como una de las bellas artes (Thomas De Quincey): un clásico muy cortito que hace tiempo que voy retrasando.

-Leftism: from de Sade and Marx to Hitler and Marcuse (Eric von Kuehnelt-Leddihn): autor recomendado por el profesor Miguel Anxo Bastos Boubeta. También lo he ido retrasando porque lo poco que he ojeado es bastante denso y me da pereza. Sólo me interesa, de todas formas, la parte de La izquierda en la Historia y la distinción entre liberalismo falso y real (¡a ver qué dice…!)

-Antología del humor negro (André Breton): ¿qué criterio extraño habrá utilizado para meter en un mismo volumen a Carrol, Rimbaud, Lautréamont, Duchamp, Dalí, Prévert, Gide…? La selección de autores no tiene desperdicio, y el prólogo tampoco. Son “rarezas”, por ahora bastante divertidas.

-Un día de cólera (Arturo Pérez-Reverte): sí, he sucumbido a la machacona publicidad, pero tengo justificación moral porque el experto lector JJ de UDE me ha dado el visto bueno. ¡La portada es tan bonita…! E incluye un plano del Madrid del 2 de Mayo. Eso sí: es un sablazo. Por el momento es estilo Pérez-Reverte total, y es lo que quería. Nada de sorpresas cursis y prefabricadas como en El pintor de batallas.

-Les dones i els dies (Gabriel Ferrater): si sobrevivo, me adentraré en su viuda, Marta Pessarrodona, que me cautivó hace unos días en el Festival de Poesía de Oliva.

-El percherón mortal (John Franklin Bardin): recomendado por la sabia dependienta de la librería Ramon Llull de Valencia (id: es genial, siempre acierta). Ya lo tengo casi acabado y os lo recomiendo. Es corto, fácil de leer y desternillante, al tiempo que rallante. Ligero y, por tanto, perfecto para periodos vacacionales.

-Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle (Douglas R. Hofstadter): este es el libro que más ansiaba leer (se me reabrió de repente el interés tras Borges y la matemática de Guillermo Martínez) y no me está decepcionando, de hecho me está atrapando. Puesto que es un tochazo, trascenderá la tanda Fallas-Semana Santa-San Vicente. Lo saborearé tranquilamente.

Como veis, me influyen bastante las recomendaciones y estoy siempre dispuesta a engrosar la lista de tops, así que si alguien tiene alguna interesante que hacerme… estoy abierta a vuestros fetiches. Se aceptan orientaciones sobre novela negra (más allá de Chandler y Hammett) y sobre cualquier otro estilo o tema, siempre que no traten de griales y sociedades secretas o apelen a Coelho, Benedetti, Millas y demás progre-tópicos.

Paso el meme, si no lo han hecho ya, a los chicos de UDE, a Luis I. Gómez de Desde el exilio, al Neoconomicón, a Eduardo Robredo, a Iracundo y a Omnipunctum de Pensamientos inexistentes.

martes, marzo 11, 2008

Gana la desproporcionalidad


Al Doríforo le daría un pasmo si se diera una vueltecita por nuestro sistema electoral. No hay equilibrio, no hay proporcionalidad, no hay simetría, no hay belleza. Canon digital sí (¡horror!), pero canon policletiano… ni de coña. Hay gente cuyo voto no vale un centavo y hay gente cuyo voto vale su peso en oro. Los hay que cuentan más que otros. Y los hay pringados, y los hay llorosos. No me extraña: ha ganado el bipartidismo (¿es positivo que los radicales se integren en el PSOE?) y, sobre todo, ha ganado la desproporcionalidad. Esto sencillamente hiere a los ojos. No es cuestión de liberalismo ni de no liberalismo: es cuestión de higiene. Pervierte lo más básico, que es aquello de (tan denostado por cierta raza intelectualoide) un hombre, un voto. Más proporcionalidad no tiene por qué traducirse en más liberalismo pero, desde luego, si aspiramos a que se filtre alguna política liberal –si en algún momento del futuro futurísimo existe-, hay que inclinar la balanza en detrimento de la “estabilidad” a favor de la “pureza”. Pureza de relación entre inputs y outputs, y pureza en la representación. Los liberales somos minoría… minoría absoluta, de hecho. Ni siquiera existimos políticamente. Si algún día lo hacemos, sólo obtendremos representación parlamentaria con un sistema electoral proporcional que apueste por plasmar fielmente la realidad. Aunque sea una realidad muy pequeñita como la nuestra.

Comparemos el ideal con lo que hay. El cálculo que propongo es claramente utópico: es la máxima proporcionalidad y, además, sobre el total de votos nacionales. Por eso no tiene más utilidad que ilustrar la desproporcionalidad de nuestro sistema electoral y en ningún caso es una propuesta seria de reforma (eso sería mucho más complicado y no sabría ni por dónde empezar). Sólo dos apuntes previos: utilizo el número de escaños existentes y no propongo otro número porque me parece suficientemente alto como para permitir pluralidad y suficientemente bajo como para lograr gobernabilidad, pero no entro a valorar por comunidades (es más, el cálculo es sobre la suma total de votos); no pongo cláusula de exclusión y muestro los decimales relevantes. Si tuviera que proponer una, propondría que fuera por encima del 0´5% del total de votos (se quedaría sin escaño, por ejemplo, Na-Bai). Si tuviera que proponer un sistema para repartir los escaños resultantes de la suma de los partidos que no obtienen representación parlamentaria (que según el cálculo que utilizo serían unos 15), propondría la fórmula D’Hondt, pero sólo a ese nivel. Y en cuanto a los decimales… no sabría qué hacer con ellos. Pero insisto, esto no es un supuesto sensato ni científico, es únicamente una manera de hacer más gráfica la injusticia de la desproporcionalidad (aunque no presento ninguna gráfica, qué paradoja).

Utilizo los datos de El Mundo de hoy 10 de marzo de 2008. Siendo el total de votantes 23.700.743 y el número de escaños 350, 1 escaño = 67.716’4 votos.

Dividimos y los escaños se repartirían como sigue:

-PSOE: 159’4 escaños, con 10.792.615 votos. En realidad tiene 169… 10 más.

-PP: 146’3 escaños, con 9.907.038 votos. En realidad tiene 154… 8 más. La diferencia entre PSOE y PP, de 3’6 puntos, se traduciría en 13 escaños, no en 15.

-Ciu: 11 escaños, con 745.643 votos. Es la única fuerza que ve sus votos transformados en escaños de forma muy proporcional

-PNV: 4’46 escaños, con 302.242 votos. En realidad tiene 6… Cinco escaños más que UPyD, con los mismos votos.

-UPyD: 4’43 escaños, con 300.106 votos. En realidad tiene 1… Vergonzoso.

-IU: 13’93 escaños (14)
, con 943.773 votos. En realidad tiene 3… Es decir, 11 menos de lo que les correspondería si hubiera máxima proporcionalidad. ...Aún más vergonzoso.

-BNG: 3 escaños, con 205.152 votos. En realidad tiene 2…

-Na-Bai: sin escaño, con 62.073 votos. Y en realidad tiene 1.

El más beneficiado siempre es el partido ganador. Le sigue el segundo partido. El tercero la palma, así como aquellos cuyos votos estén muy dispersos por diferentes comunidades autónomas. ¿No es ilógico? Antes no. Nuestro sistema electoral fue diseñado para favorecer la estabilidad y dejar entrar a partidos de altas concentraciones territoriales, después de una dura dictadura, con una pluralidad altamente limitada (igual de alta, más o menos, que su capacidad represora). Pero España ha cambiado (ha crecido: no es posible vestir con un trajecito de la comunión a un señor que ya pasa de la treintena) y esta farsa no da más de sí.

martes, febrero 12, 2008

Soy campana

¡Jolines! ¡Qué sorpresa! ¡Menos mal que me lo ha dicho usted, señorito Soria, que si no…! ¡Cómo iba yo a llegar solita a tan compleja conclusión! Pero lo cierto es que eso de campana, cilindro y diávolo me suena de algo… ¿Será de la Cosmopolitan: qué vaquero ponerte según la forma de tu cuerpo? Puede ser, puede ser…

Pero también me suena del colegio, de la cruel pubertad, ay. Estaba lo de “tabla de planchar” para las sin-curvas-flacas, y lo de “armario” para las sin-curvas-gorditas (o directamente "machomen"). Para las de cintura estrecha y anchas caderas, triunfaba aquello de “avispa”. La rellenita sin más, normalmente era un “balón”. La delgaducha, un “fideo”.

Fíjense, poniéndonos más formales, que podemos clasificar los cuerpos femeninos también según las letras y los números: “8” o “B” (equivalente a la mujer-diávolo soriana: anchos hombros y anchas caderas), “A” (hombros estrechos y caderas y muslos anchos), “V” (busto notable y cintura estrecha), “R” (patilarga pero con barriguita)…

Por no hablar de las metáforas íntimas que seguro todos ustedes han practicado. ¡Ay, querida, tu cuerpo es como un cruel reloj de arena (mujer-diávolo)! ¡O como una dulce macedonia (por ejemplo: dos naranjas como delantera más una sandía como trasero hacen una mujer-campana)!

Se me ocurre también una clasificación artística: la diávolo es la Rubens o Lempicka; la campana es la Dalí o Pin-up; la cilindro es Jordi Labanda

A estas conclusiones (creo humildemente que más completas que las del Gran Estudio) he llegado gracias al conocimiento acumulado de las revistas de moda y gracias mi capacidad observadora (una, que se ha cambiado en muchos vestuarios y, además, vaya, es chica). Y sin gastarme un duro. Soria se ha gastado un millón y medio de euros....

Lo próximo será "el cuerpo de los hombres". Y lo próximo ( ¡claro, como pagan otros…!) supongo que será "tipos de pechos de las españolas". En este sentido, antes de cometer el crimen de volver a despilfarrar tantísimo dinero ajeno en tal solemne e inútil chorrada, nuestro amigo Soria podría buscar un poquito en Google, en MarieClaire o en los chistes (cereza, pera, etc). Se sorprendería del detalle científico que abunda por ahí.

martes, febrero 05, 2008

Petición a los iracundianos

El eterno debate: los mínimos del liberalismo como ideología, los mínimos del liberal como blogger. ¿A partir de qué valor se es liberal? ¿A partir de qué actitud se deja de ser un buen blogger para ser un canalla? Vaya por delante que no estoy cansada de esta cuestión (de hecho voy a plantear por enésima vez el tema porque, española al fin, poseo a pesar de todo una aglomeración de esperanza casi cristiana); de lo que estoy cansada es de las repetitivas soflamas de los “debatientes históricos”. Me explico.

Hace tiempo que me retiré de La Discusión (para los que anden perdidos en el laberinto de los insultos: que si los anarcocapitalistas somos monopolizadores; que si no somos liberales; que si repartimos carnets de liberal en base a criterios maniqueos, alias rothbarianos; que si es imposible convivir con nosotros porque olemos a canibalismo y degeneración moral; que si no nos preocupamos por España; que si no tenemos ni idea de Realidad, Historia –capítulos Segunda Guerra Mundial, Guerra Fría y Eje del Mal- y Técnicas Militares*...).

La razones de mi ex aislacionismo no son otras que la repulsión que me vienen produciéndome, por una parte, las exhibiciones de supuesto conocimiento omniabarcante (pues tú no has leído a Turgot; pues tú no has leído a Mises; pues yo soy jurista, y tú economista: toda una feria de petulancia y afectación schopenhauriana que, vista desde fuera, o asusta o mata de vergüenza) y, por otra parte, la manipulación descarada y verdulera que practican algunos sin el menor recato y honestidad intelectual. En ambas prácticas destaca, fulgurante, Iracundo. No es el único, obviamente. El tango no lo bailan dos, sino cuatro o cinco. El último ejemplo ha tenido lugar en Freelance Corner. Recomiendo paciencia y estoicismo al lector que deteste los ataques personales.

Me apetece comentar que, en esos destellos fugacísimos en los que Iracundo no se ve arrastrado al círculo vicioso de su ancapismo versus liberalismo, me cae bien. ¡Sí, sorpresa! A mí, al contrario que a él y que a la mayoría de los comentadores, no se me va la vida en esto y no correlaciono tan estrictamente ideología con simpatía o calidad humana. Dicho lo cual, quiero hacer sólo dos apuntes, relativos a sus eternas repeticiones (siempre manipulaciones retóricas pero que acaban calando en su camarilla, a quienes extiendo mi crítica):

1) Lo primero que llama la atención es su terquedad. Imaginen a un tipo insertando una y otra vez puñetazos en el torso de un muñequito de paja, creyendo, en su locura, que embiste a una personalidad verídica. Una y otra vez. Una y otra vez. En efecto, es él: Iracundo. ¡Venga a crotorar engrandecimientos y exageraciones! Y esto lo digo porque es muy fácil rebatir una mentira, sobre todo si esa mentira es bobalicona: el anarcocapitalismo no defiende el Antiguo Régimen ni el canibalismo ni la confesionalidad ni etcétera, etcétera.

Una cosa es la revisión histórica, que es una actitud, una manera de afrontar las ciencias sociales, que es perfectamente legítima, sana y fructuosa (lo cual no significa que sea necesariamente acertada: yo no comparto en casi ningún punto la tesis de Hoppe), y otra es la apología o la inserción de esas paradojas (paradojas como poco) en el ideario liberal.

Y una cosa es defender la libertad individual en todos los casos –también en aquellos casos inaplicables, improbables, ilógicos, hediondos, horteras, antihistóricos, antinaturales, antioccidentales, romanticotes, sexistas, racistas y demás cosas malas y feas que nosotros nunca haríamos pero que otros, sin utilizar la violencia, sí harían-, y otra cosa es la defensa, la protección positiva del contenido de todas las acciones libres.

En este sentido, ¡vale ya de enlazar artículos que no demuestran nada! La antología de los pecados del anarcocapitalismo estaría muy bien, muy elaborada y tal, si no fuera porque no son los del anarcocapitalismo (no me preguntéis de qué: tal vez de lo que le gustaría a Iracundo que fuera el anarcocapitalismo).

2) Y dándole la vuelta al asunto. Imaginen a un tipo que recibe las críticas de un colectivo, que lo tacha de socialista. El tipo en cuestión es rubio, y alto. Y está a favor, pongamos por caso, de Educación para la Ciudadanía. El tipo, escandalizado, le comenta a su colega: “¡Me tachan de socialista por ser rubio y alto!”

Sí, efectivamente: incapacidad, fingida o no, para relacionar causas y efectos. Lo mismo le pasa a Iracundo: se cree que algunos le acusan de altamente intervencionista (yo misma), socialista en terminología austriaca, o socialdemócrata, o incluso totalitario (acusación que obviamente no comparto, ya que creo en la rigurosidad conceptual: Tusell, Navarro y demás), por ser “demócrata”. No, amigo, no manipulemos al personal.

Dejo para otro momento –los exámenes me invaden- el socorrido argumento de “la secta” y el tema del futuro agregador con el sello iracundiano (estoy con Freelance: son muy libres, pero muy picados) y me limito a plantear el eje sobre el que, debiendo girar el debate, en realidad se ha atascado y envilecido: partiendo de que todos estaremos de acuerdo en que la censura y el guerracivilismo y la discriminación son actitudes legítimas y libres, ¿son aceptables moralmente? Ya sé que somos liberales y que todos coincidimos (espero) en que no implican violencia, pero trascendamos ese tema (el de lo legítimo) y discutamos, cada uno con su moral en la mano, sobre si estas actitudes discriminatorias son propias de los que intentan no falsear, no engañar y ser intelectualmente honestos…

En fin, ahí lo dejo. Yo tengo mi opinión, claro: tanto la censura (que no he sufrido pero de la que todos hablan) como el encasillado del mundo liberal que hacen algunos (que sí he vivido en mis pálidas carnes, y de ahí este post) son el fruto o bien del sectarismo o bien de la inseguridad. Sumandos del infantilismo… Axiomas de la repetición de falacias… Que se acabe ya el eterno retorno, por favor. Que finalice el ajo castañuelo. Que por fin haya una correlación entre la crítica y lo criticado, y no una inútil y agria atribución de atrocidades.

*Se ruega que completen la lista de divertidas deficiencias morales y mentales ancápicas

jueves, noviembre 01, 2007

Haciendo el ridículo

“Isabel Teruel, ex portavoz socialista de Educación en el parlamento aragonés, cesada ipso facto tras su bochornoso debut en Las Cortes.”

Rompo mi silencio para poner encima de la mesa un irresistible vídeo (por cortesía de Vicent Fenollar) que pone los pelos de punta. Por una parte es desternillante y, por otra, deprimente. Dan ganas de exiliarse.

Para decorar la conclusión, una cita de Hoppe, sobre su particular visión del Principio de Selección Adversa:

“La selección de los gobernantes a través de elecciones populares imposibilita de hecho que cualquier persona bondadosa e inofensiva pueda llegar alguna vez a lo más alto del gobierno. Los primeros ministros y los presidentes son seleccionados por su probada eficacia como demagogos moralmente desinhibidos.” En realidad, esa fatalidad no sólo afecta a los cargos públicos de la cúspide, ni implica sólo desinhibición moral. En este caso se trata más bien de estricta subnormalidad.


Para los atareadísimos, transcribo algunas de las frases más inolvidables. Algunas no son ni frases, sino balbuceos, lo cual me lleva a plantearme si es serio que una persona que no sabe ni hablar ni estar esté al cargo de la Educación. Las risas son suyas, y son casi constantes. Me recuerda a doña Rogelia. Y siento tener que abusar de las onomatopeyas a lo Ibáñez, pero esta profesora no sabe lo que son los conectores:

-(Al Presidente) Sí, cariño mío, lo que tú quieras…

-
Si alguien desde fuera nos dijera que esto suena muy bien –cosa que no ha ocurrido, JAJAJA, pero bueno, a mí me suena muy bien, JAJAJA- pues, que nos preguntara, ehh, medidas concretas que nos van a ayudar a conseguir tanto objetivo, pues yo empezaría por hablarle de nuestro Gobierno.

-
Y que no nos empuja ningún interés partidista (¿Qué no se me oye bien? Ya me perdonarán, soy novata). Ehhh, al ser la primera vez que yo me enfrento a esta situación, yo tenía mis dudas de cómo debería continuar el discurso, y yo decía, pero es que si está tan bien plasmado en la comparecencia de la Consejera, que yo lo mejor que tengo que hacer es repetir, y como lo breve y bueno, dos veces bueno, pues … no quería repetir… tantas cosas… Y tampoco me atrevía mucho a innovar, porque era un reto para mí muy, no sé, duro, pero bueno, que lo voy a intentar JAJAJA.

-(Sobre la Expo de Zaragoza):
Y es que me parece algo increíble, y que estoy aturdida de todas las críticas que hemos recibido y… las he ido apuntando porque, digo, pero bueno, esto lo contestará ella, que es la que sabe, que es mi Consejera…JAJAJA En fin, pero bueno, que también podría seguir enumerando otros compromisos concretos, ahora… no sé, estoy un poco como aturdida, para, porque aún no tengo claro mi función como portavoz…

-Que los objetivos que se van a conseguir con la Expo yo creo que son de tal magnitud que es que es imposible ahora el definirlos, y el preocuparnos (gritando) por los presupuestos, que se nos están yendo partidas y demás… Pero y eso, ¿cómo se valora? ¿Cómo se valora lo que no es tangible? ¿Cómo se valora lo que está en abstracto, y tan grande? Mmmm (silencio)
y bueno esto sería repetirme…

-
Que a mí me ha dolido, un poco, pero ya me curtiré, me curtiré con la experiencia, que siempre se estén cuestionando, pues, decisiones de los técnicos del gobierno… Pues, pues, pues, pa’ eso están, porque son técnicos y sabrán lo que hacen, ¿no? Eh, eh, fff, eh… y me refiero a todas las cuestiones que se plantean sobre el patrimonio, y de todo eso, pues… nosotros confiamos en los técnicos.

-
Y también, que me duele, que cuando se exigen ¡¡soluciones rápidas, haga usted algo!! Y se dan respuestas, estas respuestas también seas criticadas porque no sean… las respuestas adecuadas, porque ahora, todo se quiere externalizar, y esto no es adecuao, no, hombre, hay que dar respuestas, es importante dar respuestas. A ver… cómo sigo…

-Y sí tengo claro más que nunca la necesidad de la asignatura EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANINA, perdón, Ciudadanía… Por favor, señora Consejera, necesitamos tener aragoneses con valores, con principios, que asuman la igualdad, que asuman los derechos fundamentales, que se den cuenta que estamos respaldados por la Constitución, aragoneses solidarios, JAJAJA, bueno, yo simplemente, que ahora va a hablar usted, y que seguro que me va a levantar el ánimo, que yo lo necesito, JAJAJA, pero no por usted sino por los demás, que no entiendo cómo no comprender nada… de la vida, en fin. Sus Señorías me van a agradecer que finalice, muchas gracias, muchas gracias, MUCHAS GRACIAS.

Escalofríos. Cuánto mal está haciendo la paridad... eso nunca lo sabremos.

lunes, agosto 27, 2007

Arturo Pérez-Reverte ¿liberal?

Lo pregunto desde la ignorancia, porque es un autor del que sólo conozco las novelas y no he leído prácticamente sus artículos. Pero sus personajes suelen ser individualistas que huyen de la mediocridad y de la masa, y este fragmento de "El maestro de esgrima" me ha dado que pensar. Lo transcribo. Es un diálogo entre el protagonista, Jaime Astarloa, maestro de esgrima apolítico, y Marcelino, pianista más bien isabelino.


-Me decepciona, don Jaime -dijo al cabo de un instante, hurgando en el suelo enarenado con la punta del bastón-. Nunca sospeché que compartiera los argumentos de Agapito Cárceles [un personaje subversivo y revolucionario].

-Yo no comparto argumentos con nadie. Entre otras cosas, el principio de igualdad que con tanto brío defiende nuestro contertulio, me trae al fresco. Y ya que menciona el tema, le diré que prefiero ser gobernado por César o Bonaparte, a quienes siempre puedo intentar asesinar si no me placen, antes que ver decidirse mis aficiones, costumbres y compañía por el voto del tendero de la esquina... El drama de nuestro siglo, don Marcelino, es la falta de genio; que sólo es comparable a la falta de coraje y a la falta de buen gusto. Sin duda, esto se debe a la ascensión irrefrenable de los tenderos de todas las esquinas de Europa.


Elitista y celoso de su vida privada. Dispara al corazón mismo del meollo de la democracia. Y se permite criticar a los nuevos ricos, al más puro estilo de Mariano José de Larra. Sin duda, no se trata del típico personaje fraguado por una mente típicamente española en los tiempos de hiprogresía y subvencionalismo servil que corren...

Además, el argumento de cortar la cabeza al gobernante que se porta mal me parece totalmente incontestable. Pero ahora es demasiado tarde, como explicaba hace unos días en un artículo en el IJM, se nos ha pasado el arroz. Ahora podemos elegir entre socialdemocracia, socialdemocracia y... socialdemocracia. Insisto en que hay que retomar ciertas costumbres higiénicas de los siglos pasados.