Me apunto al reto planteado por Citoyen: “¿por qué no somos una dictadura militar?”, es decir, “¿cómo es posible que en todos los países de occidente hayamos conseguido mantener a los generales a raya?”. La pregunta es muy interesante por lo que él mismo apunta: “los militares son una estructura muy bien jerarquizada, disciplinada, entrenada para actuar de forma conjunta y, en general, ideológicamente bastante neutra. Además, el ejército es sin duda el perdedor neto de la modernidad; son los funcionarios de alto nivel que menos cobran, y están marginados de la vida política”. Y hay que responderla explicitando la metodología, para que las refutaciones puedan ser más limpias. Él mismo va apuntando en su blog quiénes van respondiendo. Es posible que mi respuesta se parezca en algún punto a la de Geógrafo (al primer punto), pero no veo muchas similitudes con el resto de los que han contestado.
En mi opinión, tanto el enfoque de la Escuela Austríaca como el enfoque de la Public Choice son insuficientes a la hora de tratar con las motivaciones humanas en un sentido sustantivo, porque las tratan sólo como a cuencos vacíos; su contenido sí influye en el ámbito político, al contrario que en los intercambios económicos. Es irrelevante por qué compro un suéter azul: el caso es que lo compro. Pero no es irrelevante por qué voto a un partido político determinado o por qué inicio una huelga de hambre o una cacerolada. Es más, toda la cadena de razonamientos que me hacen desembocar en esa conclusión son la clave del asunto. Es por esto que me adscribo al enfoque de la Cultura Política.
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SOBRE EL ENFOQUE
Muy brevemente: este enfoque surge con la publicación en 1963 de “The civic culture” de Gabriel Almond y Sydney Verba; lo que estos autores pretendían era ligar correctamente la micro y la macropolítica, o dicho más combativamente: descubriendo el enorme potencial explicativo de la micropolítica, ir más allá del enfoque institucionalista, que se quedaba sólo en la teorización de la macropolítica. Para ello reverdecieron maravillosamente la metodología politológica (desde entonces intensamente empírico-cualitativa) pero, curiosamente, fue eso mismo lo que posibilitó muchas de las críticas que se les hicieron, atacando su entronización de la variable supuestamente independiente de la cultura política, con estudios empíricos en mano (nótese que el razonamiento de Almond y Verba era justo el contrario al marxista de “la estructura o base –sistema productivo: fuerza productiva y relaciones de producción- determina la superestructura”).
Actualmente la hipótesis de la cultura cívica (un equilibrio entre las culturas políticas parroquial, de súbdito y democrático-participativa) se considera poco sofisticada, aunque los cimientos teóricos siguen utilizándose. Sin embargo, ha llovido mucho desde aquellas primeras enunciaciones, profundamente influidas por el contexto histórico (recuerden: intensificación de la política en la Guerra Fría), y me referiré a algunas para explicar este extrañísimo, o quizás no tanto, caso de los militares que no gobernaban el mundo.
Antes que nada, una aclaración: ¿por qué la metodología empírico-cualitativa? Porque lo que nos importa no es ni el detalle ni la exactitud ni mucho menos la universalidad. Los investigadores no acuden a entrevistas ni historias de vida sino que enuncian una serie de hipótesis sobre qué piensa la gente sobre determinados objetos políticos, y luego realizan las encuestas y, como mínimo, falsean sus hipótesis. La cultura política es una distribución de frecuencias pero la extrapolación estadística no es ningún problema (ni tampoco el margen de error), porque no queremos saber las motivaciones de todos los ciudadanos, comprender completamente sus personalidades y razones, sino sólo puntos muy concretos y que, por lo demás, no sufren de heterogeneidad, sino que normalmente permiten un margen de respuestas muy restringido (escalas ideológicas o respuestas de sí y no). No en vano la cultura política no se predica nunca de un individuo (un individuo no tiene una cultura política de tal o cual tipo) sino siempre de los colectivos. Si no, insisto, no sería un ejercicio de cultura política sino de entrevista en profundidad, entrevista psicológica o historia de vida.
Por otra parte, ¿qué es lo que los investigadores pueden analizar, sin caer en invenciones, si bien creativas, demasiado propias? Sólo la corriente de actitudes, opiniones, percepciones y sentimientos políticos, que tienen tres elementos (el elemento afectivo, el evaluativo y el cognitivo; si añadimos el elemento conativo ya nos metemos en los arenosos terrenos de la participación política) y que versan sobre cuatro objetos políticos básicos (que pueden concretarse y diseccionarse a voluntad del investigador, evidentemente): (1) el sistema político o sus partes, (2) el sistema de inputs, (3) el de outputs y (4) el rol del ciudadano. Con este esquema de posibilidades, Almond y Verba elaboraron los tres tipos de cultura política posibles que he citado antes. Nótese que no se contentan con las “estructuras morales” (lo que sería equivalente a, en el caso que nos ocupa, “los militares sienten el peso de la responsabilidad de su cargo”), sino también con lo que atañe al “desarrollo cultural” del país o colectivo al que nos refiramos: cuánto se sabe sobre cómo los políticos toman las decisiones, cuánto se sabe sobre quién se inventa las políticas públicas, cuánto se sabe sobre los derechos que nominalmente se nos han reconocido y, por supuesto, cómo se evalúa la implementación concreta, en la vida real, de todo eso.
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NUESTRO CASO
Una buena manera de abordar el tema es analizar la cultura política de los regímenes militares o regímenes cívico-militares, y ver qué es lo que no se cumple en las actuales democracias (por supuesto, me adscribo a la teoría de que la reciprocidad es casi estricta entre la micro y la macropolítica: los políticos han de estar mínimamente legitimados para desarrollar sus, casi siempre, fechorías; no nos preguntemos por qué el Estado sigue creciendo: la única razón es que a la mayoría de la gente o le gusta o no le disgusta).
Los regímenes militares o cívico-militares, tanto los regímenes personalistas (dictadura franquista) como los regímenes colegiales o corporativos (juntas militares argentinas y en general los latinoamericanos) como los de “democracia vigilada”, en ningún caso permiten un rol del ciudadano positivo, y los sistemas de inputs e outputs son, como poco, defectuosos (por no decir que se improvisan sobre la marcha). Aunque haya un pluralismo restringido, el partido es de hecho único, y no se adscribe a una cosmología o a una ideología construida sino a abstracciones y vagas ideas que se concretan normalmente en oportunismo pero captan bien, simbólicamente, los conflictos que le importan a la opinión pública. Esto significa que el elemento cognitivo de la cultura política es negativo, lo cual se demuestra adicionalmente con los bajos niveles de institucionalización, normalmente (aunque, por ejemplo, en el caso de la Indonesia de Suharto esto no está tan claro). Y ello a pesar de que los cleavages puedan tener mucha importancia (los cuatro básicos ejes a lo largo de los cuales se articulan las opiniones de la sociedad civil, a raíz de la Revolución Francesa y la construcción del Estado-Nación, según la teoría de los alineamientos de Lipset y Rokkan, son: Izquierda-Derecha, Iglesia-Estado, Sector primario-Sector secundario y Centro-Periferia).
Lo que impera en todo régimen militar (en todo golpe de Estado que triunfa) es que la sociedad civil es débil (poco conocimiento y poco aprecio por el sistema político, por el sistema electoral si existe, por las leyes y las demás políticas públicas y por sus propios derechos y deberes). Y lo que impera en casi todos los golpes de Estado que triunfan es que, en el régimen inmediatamente anterior, la competencia electoral era centrífuga, esto es, la sociedad civil estaba ideológicamente muy dividida y no había un consenso mínimo, por lo que, siendo imposible la competencia por el votante mediano, los políticos adecuan su discurso en los extremos. Esto puede verse muy claro en el caso de la Segunda República en España.
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SOLUCIÓN
Con esta breve caracterización de la cultura política en los regímenes militares (parroquial o de súbdito, mas en ningún caso democrático-participativa; y, siempre, con cleavages muy marcados), sólo nos queda preguntarnos qué ha cambiado. ¿Por qué en las democracias contemporáneas no se sublevan los militares? Es un cálculo de intereses pero también el resultado de un cambio de valores (en este punto me apoyo en la tesis de Ronald Inglehart del “cambio de paradigma político” en The silent revolution). Y es que ha cambiado absolutamente todo. Propongo tres razones:
1. Los militares no se sublevan porque no tienen motivos. Siempre se sublevan cuando hayuna intolerable inestabilidad, normalmente explícita (antesalas de una guerra civil, por ejemplo) y mucho conflicto social, y habitualmente se presentan como una solución de fuerza supuestamente neutra e, incluso, “de pura gestión” (como la dictadura de Primo de Rivera).
Actualmente, estando las democracias completamente institucionalizadas, y estando las sociedades, por una parte, cada vez menos pendientes de grandes cosmologías o ideologías y más adictas a los pequeños “issues” (ecologismo, feminismo, indigenismo, mil etcéteras) y, por otra, muchísimo más cohesionadas socialmente, gracias al desarrollo económico, la inestabilidad sólo se vive en las periferias y en los “márgenes”: ¿alguien se imagina a los militares sublevándose por la pobreza de las chabolas, por el maltrato doméstico o por la crueldad de las corridas de toros?
Estos “asuntos” nos interesan fragmentariamente, a determinados grupos de personas, pero no a la sociedad en su conjunto (ni por motivos de identidad ni por motivos económicos), y mucho menos a los militares como un grupo homogéneo.
2. Los militares no se sublevan porque no hallarían apoyo social. Nos guste o no, el apoyo al actual Estado del Bienestar, en los términos de David Easton, no sólo es difuso y vago sino, además, también específico. Si consultamos las encuestas del CIS sobre cultura política (por ejemplo, el 2588; también vale la pena consultar la World Values Survey, a cargo precisamente de Inglehart), vemos que los ciudadanos en general se quejan de que los políticos no lo hacen del todo bien, pero aún así apoyan su papel incondicionalmente. Los cleavages que he explicado anteriormente hoy en día están completamente desfasados. Otro eje de valores, no exactamente un cleavage, se ha superpuesto: materialismo o valores de supervivencia versus postmaterialismo o valores de autoexpresión. Este eje, obviamente, sólo tiene sentido porque ha habido un tremendo desarrollo económico: se trata de una movilización cognitiva completamente paralela a él (en verdad, el razonamiento es similar al de la pirámide de Maslow).
3. Los militares no se sublevan porque no son un grupo diferenciado y privilegiado: el ejército se plantea como una opción profesional más, no como una alternativa ideológica o corporativa. Este factor entra dentro de la lógica de la “desideologización” y el cambio de valores, que Herbert Kitschelt, en la misma línea que Inglehart, explica así: se valora más el autogobierno y la autodeterminación (valores calificados de “libertarios”) y menos los valores autoritarios (no necesariamente dictatoriales, sino, más bien, “tradicionales”: jerarquía, ética del trabajo, obediencia, clasismo, idea del destino, etc.).
En (radical) resumen: si el conflicto no está escandalosamente extendido, ¿para qué se iban a sublevar los militares? ¿Y, sin motivo alguno, quién los apoyaría?
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Por último, voy a responder a la pregunta según el filtro que plantea Seymour Martin Lipset sobre por qué actúa o no políticamente la gente, en este caso por qué no actuán políticamente los militares:
-En primer lugar, porque no quieren: no tienen un motivo especial como grupo diferenciado, ni siquiera como ciudadanos a secas: el conflicto social es mínimo y la estabilidad política, considerable.
-En segundo lugar, porque no pueden: la participación política tiene unos costes (despidos, inhabilitaciones) que, si la acción no es masiva, son inasumibles.
-En tercer lugar, porque nadie se lo ha pedido: no hay ninguna demanda social latente dispuesta a apoyar un golpe de Estado.
En definitiva, no se trata de tener las posibilidades técnicas y económicas de ello, sino de tener un motivo y posibidades de éxito. Los militares de las democracias contemporáneas no tienen nada de eso. Si no hay móvil, no hay caso.
13 COMENTARIOS:
Muy bueno el título...y el resto del articulo. Está muy elaborado y estoy de acuerdo con las tres razones que das.
En cuanto mi post ¿qué? ¿No salvas nada? :-(
Saludos
Pues me ha gustado mucho también. Enhorabuena.
Gracias a ambos, e idem, claro.
Hector, copio aquí el comentario que he dejado en tu blog:
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Hola Héctor!
Estoy bastante de acuerdo con lo que dices, pero yo no lo planteo así, porque, aunque estamos de acuerdo en que uno de los motivos por los que los militares no se sublevan es porque la fuerza no lo es todo (es decir, porque necesitarían un apoyo social que no tienen), para mí la clave del asunto es preguntarnos por qué iban efectivamente a sublevarse. Es decir, todos estais partiendo de que son "fuerzas externas" las que constriñen a los militares, las que les cohiben, digamos. Pero yo creo que el motivo fundamental está dentro de ellos: y ese motivo lo hallamos preguntándonos por qué, en el pasado, sí hubo sublevaciones. Ellos forman parte de este mundo que ha cambiado: si la gente no los apoya, es por el mismo motivo por el que ellos, motu propio, no se sublevarían.
Pero como siempre, tu análisis me parece genial. Yo no tengo mucha idea de "biopolítica" ni de psicología evolutiva, aunque estoy muy interesada. Como ya comenté otra vez, creo, a mí la psicología evolutiva me da vértigo.
Los interesados en mi respuesta:
http://areopaga.blogspot.com/2008/09/el-extrao-caso-de-los-militares-que-no.html
Por cierto: eternamente agradecida por recomendarme a Beckett en julio. Quiero tatuárme Waiting for Godot! La verdad, me encanta, y gustándome tanto como me gustan Mihura y Jardiel Poncela, no sé cómo no pude conocer antes a este... genio.
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Y quién dice que los militares no se sublevan? ¿qué horizonte histórico tomamos? ¿quien asegura que no ocurrirá? ¿quien nos dice que lo que ocurre es que ningún complot ha triunfado? Hasta las legiones romanas lo hicieron.
En primer lugar, ¿no se escribe "cleavage"? Pregunto.
En segundo, me gustaría usar un poco de retórica para defender la antítesis, esto es, que los militares respetan su papel democrático por convicción íntima de que es su deber, y no por motivos materialistas. Para ello anulemos en primer lugar los presupuestos del filtro, suponiendo que los militares quieren, pueden y han sido llamados a rebelarse contra el poder político establecido. ¿Qué fuerza misteriosa podría detenerlos? Lógicamente algún tipo de valor pensado, en este caso el honor, que es la virtud que nos dicta cumplir con lo prometido, a pesar de que no tengamos ganas. Entra en juego el concepto de voluntad, que no es hacer lo que nos dé la gana como algunos piensan, sino tener la capacidad de crearnos las ganas para hacer lo que hay que hacer. Así pues un gobierno inteligente inspirará en sus militares un voluntarioso concepto del honor para salvaguardarse de indebidos pronunciamientos. De la anécdota podemos pasar a la categoría para volver a bajar hasta un caso análogo. A los niños no les suele gustar estudiar, y lo evitan siempre que pueden, además con el refuerzo positivo que reciben de su grupo de iguales. ¿Qué hace un tutor inteligente? Desde luego no educar guiándose por el nefando y materialista concepto de motivación, sino inculcar en sus educandos lo que podríamos llamar el respeto por ellos mismos. Esto es: estudia no para hacerme feliz a mí, sino por crecer tu mismo
¡Oh Dios mío! Te han abducido... Hablas... ¡como Ellos!
Tras haber rebajado de esta manera el nivel intelectual de la conversación, me apresuro a felicitarla por el magnífico texto. Sólo dos matices: "chabola" se escribe con "b", y, como bien apunta Berlin Smith, ¿quién nos asegura que no ocurrirá? ¿Sirven estos grandes análisis estructurales para explicar actos que, como un golpe militar, dependen, en principio, de escasas acciones individuales?
Mikimoss, efectivamente es cleavage, marcho a cambiarlo, gracias. En cuanto a lo de fomentar el sentido del honor, como medida accesoria... no me parece mal. Pero vamos, ese honor se basa en la democracia, ¿no? ¿Pero por qué no podría basarse en "el bien de la nación"? La democracia es la forma del sistema político, pero no es "cómo va la política". Los militares que se sublevaron por la II República, no sólo se sublevaron porque fuera un sistema democrático, sino también, y sobre todo, por el Bienio Reformista de Azaña. Los militares entendieron (más allá de sus intereses corporativos) que todas esas medidas, así como la ideología del gobierno de esa democracia, eran perniciosas. Es decir, el honor, el sentido de la responsabilidad, puede ser mucho más ambiguo que el neutral "respetar la democracia".
Berlin, el horizonte histórico me parece bastante amplio. Puede cambiar, claro, pero no es sencillo. También puede ser que la opinión pública se vuelva favorable al liberalismo...! Pero no me parece probable ni a corto ni a medio plazo.
Maldita sea, ¡chabola es con be! El corrector del word me ha fallado, qué traidor.
Bueno, nadie puede asegurar que no pase en el futuro, ni nadie puede asegurar que X no mate a Y. Pero tiene que haber un motivo, y una oportunidad de éxito. Y además "últimamente" no ha pasado, y el último golpe fue un fracaso. Todo eso sí que tiene una explicación.
Hay que ver por qué se sublevaban, no era algo gratuito y arbitrario (lo cual no significa que lo justifique: sólo digo que, por ejemplo, en el caso de la II República, era evidente que iba a haber un golpe de Estado -¡uno como mínimo!- y guerra civil; con una sociedad tan poco cohesionada... ese fin era prototípic)
Ese final era prototipic... a toro pasado, claro. No olvides que las ciencias sociales son en el fondo grandes narrativas cuasinovelescas. ¿Detecto cierto determinismo histórico en todo esto?
En absoluto, Lautréamont, detecte más bien un intento de analizar la cultura política. No digo que no vaya a suceder en el futuro; digo que hay motivos por los cuales o bien no han habido sublevaciones o bien las que han habido han sido un fracaso (en cualquier caso, la sociedad del 23F del 81 no es la misma que la de hoy).
Y no creo que las ciencias sociales sean en el fondo grandes narrativas cuatinovelescas, si se hacen bien.
El caso es que también hay militares que no han necesitado sublevarse para llegar al poder, y ahora que lo tienen, paulatinamente, van mostrando la cara de quien habría sido capaz de hacerlo; o incluso los hay cuya cara es la de quien, ahora en el poder, le habría gustado triunfar cuando, de hecho, lo intentó.
César Noragueda
O sea que les faltan motivos. ¿Pero qué provisiones hay si encuentran uno?
Podeis dormir tranquilos..en última instancia el poder sigue estando en la punta del fusil y este, en toda europa, al servicio del gran capital y éste en absoluto peligra, ni ahora ni en el futuro inmediato, de manera que, ¿rebelion para qué?. El sistema político esta bien asentado con la alternancia PP y PSOE y los que salen disparados del centrifugado a que nos someten, en la periferia los recoge IU y los reintegra...¿Quien da más?.
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